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| En una mañana cualquiera de verano con un grupo de turistas aventureros nos embarcamos por las rieles construidas hace más de 100 años atrás, en las épocas del presidente Eloy Alfaro, en una pequeña locomotora movida por gasolina, se nos permitió a algunos subirnos en el casco del vehículo, motivados por un viaje inusual y con avío comprado en el mercado Amazonas para el almuerzo, iniciamos nuestra fabulosa aventura. Armado con una cámara fotográfica estábamos en las miradas de los ciudadanos de Ibarra, mientras pasábamos hacia las afueras y nos adentrábamos al campo, nos quedamos maravillados al ver los paisajes que ante nuestros ojos se presentaban, comprendiendo el entusiasmo que contagia a los turistas extranjeros. Nuestro júbilo llegó al máximo cuando espectacularmente cruzamos un gran puente de más de 100 metros de largo, el gran puente amarillo que de ancho medía solo lo que sujeta las rieles del tren y subidos en la parte superior de la locomotora, nuestra adrenalina se desbordaba. Las maravillas no nos daban tregua, pues acto seguido cruzamos por varios túneles de rústica construcción, donde nos acompañaban búhos y murciélagos, nos hacían vivir nuevamente el sentido de la aventura. El viaje constantemente cambiaba de paisajes desde construcciones de paredes de piedra que formaban callejones a nuestro paso, a vastos cañones y acantilados que solo se pueden apreciar en las películas de las grandes producciones norteamericanas. La aventura nos hizo pasar de todo, pues los derrumbes sobre las vías, nos obligaba a detenernos mientras los guías las despejaban, en estos momentos podíamos imaginar el trabajo y esfuerzo de nuestros abuelos, quienes como voluntarios trabajaban para que esta gran obra fuese realidad, solo en momentos como este uno puede sentir el respeto por la lucha del desarrollo de la gente de este país. La primera parada obligada, la estación de Salinas, un pueblo con gente negra, amable en su trato y que tiene mucho que ofrecer, estuvimos por una hora en este punto compartiendo con todos los pasajeros del almuerzo preparado y nos embarcamos al Primer Paso. Ya en la llegada final pudimos captar imágenes de reptiles y vegetación propias del trópico, mostrando los tesoros escondidos que también forman parte del atractivo viaje. Un viaje que hará soñar a muchos que deseen hacerlo, sean turistas propios o extraños y un llamado de atención a nuestras autoridades, el ferrocarril tiene que ser recuperado, no podemos dejar que una obra como esta muera. Un viaje recomendado para todo el mundo!!! |